Todavía recuerdo lo que me decía Clementino Roca cuando tomamos mate en el fogón de la estancia, cuando era yo un peón de campo que recién comenzaba con mis primeras labores rurales.
Él mientras me alcanzaba un amargo quizás un poco en forma de filosofía me compartía algo de su experiencia.
Me decía por ejemplo, usted mi hijo no se apure a montar un bagual cuando lo desconoce, hay muchos caballos traicioneros y mal domados en la estancia, no quiero verlo desparramando la osamenta por el campo y sonreía.
Y tenía razón. Aunque pocas veces nosotros solemos hacerle caso a la sabiduría de los hombres; que como él han atravesado muchas experiencias de vida.
Y al otro día por una sugerencia de los otros peones, decidí ensillar el overo que muchas veces quedaba solo en el Corral porque nadie quería montarlo, el animal tenía algo de extraño; recuerdo que mientras lo ensillaba me miraba de costado receloso, sintiendo la incomodidad de la cincha, pero yo seguí adelante, porque aparte estaban cerca mío los otros paisanos que si empezaban a notar que tenía miedo seguramente se terminarían riendo de este paisanito; y luego de montarlo, cuando quise pegarle el primer guascazo el animal se elevó de manos y comenzó una danza tétrica para mí allí montado aferrándome con desesperación a sus clinas, a los bastos, pero fue en el tercer corcovo, que pasé de largo por encima del cuello del animal, rebote de espaldas contra el alambrado y quede hay, como desvanecido contra el suelo... El animal no sé qué habrá hecho, seguramente escapó ensillado para el campo, lo cierto fue que estaba aún medio inconsciente cuando escuché la voz de Don Clementino; qué te hicieron gurí, Qué te ha pasado; entonces fue cuando lo vi llegar medio al trotecito a socorrerme; tarde me di cuenta que lo hicieron adrede, sabiendo que ese caballo, me terminaría derribando por el suelo.
Fue duro aprender esa lección con tremendo golpe, pero ahora entiendo dos cosas, que debemos hacerle caso al hombre o la mujer de experiencia y la segunda que aprendí es que no todos son amigos, ni buena gente.
Autor Nestor Salgado
*Imagen creada con IA

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